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El temporal de nieve obligó a reforzar los protocolos en los campamentos mineros de San Juan ante un invierno extremo

22 jul
4 min de lectura

Las intensas nevadas que golpean la cordillera sanjuanina encendieron las alarmas en los principales proyectos mineros en etapa de exploración. Frente a un escenario climático considerado excepcional, las empresas debieron activar estrictos protocolos de invierno, reforzar las medidas de seguridad, proteger sus instalaciones y tomar decisiones preventivas para resguardar a los trabajadores, los equipos y la infraestructura ubicada a miles de metros sobre el nivel del mar.



Mientras algunos emprendimientos mantienen una actividad reducida con personal mínimo, otros optaron por desmovilizar completamente sus campamentos ante la posibilidad de quedar aislados por la acumulación de nieve y las dificultades de acceso en plena cordillera. El objetivo principal es evitar situaciones de riesgo y garantizar que las instalaciones puedan resistir las duras condiciones del invierno andino.


Uno de los operativos más recientes fue llevado adelante por el proyecto Los Azules, ubicado en el departamento Calingasta, donde la empresa decidió retirar preventivamente a 37 trabajadores que permanecían en el campamento Candadito, situado sobre el camino de acceso al área principal de exploración.


La medida fue tomada por la Mesa de Contingencias Climáticas de la compañía luego de evaluar los pronósticos meteorológicos que anticipaban intensas nevadas en la alta montaña. La prioridad fue garantizar el descenso seguro del personal antes de que las condiciones de transitabilidad empeoraran y la nieve pudiera bloquear los caminos de ingreso y salida.



La evacuación preventiva del personal no fue simplemente un traslado hacia zonas seguras. Detrás del operativo hubo una planificación logística de gran escala destinada a proteger vidas humanas y dejar el campamento preparado para enfrentar semanas de temperaturas extremas, fuertes vientos y una importante acumulación de nieve.


La caravana de descenso estuvo conformada por entre cinco y diez vehículos livianos, acompañados por maquinaria pesada que tuvo la misión de mantener despejado el camino y garantizar la circulación durante todo el trayecto.

El movimiento se realizó bajo estrictas condiciones de seguridad, teniendo en cuenta que los caminos mineros de alta montaña pueden transformarse rápidamente en zonas de difícil acceso cuando comienzan las grandes nevadas. Mientras una parte del personal era retirada del lugar, otro grupo de trabajadores permaneció en el campamento realizando las últimas tareas necesarias para asegurar las instalaciones antes del cierre temporal.


Cerrar un campamento minero ubicado en altura requiere una serie de procedimientos técnicos específicos. La nieve, el hielo y las temperaturas bajo cero pueden provocar daños severos en sistemas de agua, instalaciones sanitarias, equipos eléctricos y estructuras si no se toman las medidas adecuadas.

Entre las tareas principales que realizan las empresas antes de abandonar estos sitios se encuentra el vaciado completo de cañerías y redes de agua para evitar que el congelamiento provoque roturas. También se realiza la desactivación de plantas de tratamiento sanitario, el retiro de residuos y líquidos que puedan congelarse y generar inconvenientes durante los meses más fríos.


Además, se efectúa el desacople de generadores eléctricos, el bloqueo de suministros de combustible, el retiro de bombas y equipos sensibles para su mantenimiento durante el período invernal, y la protección de puertas y ventanas mediante estructuras especiales destinadas a reducir el impacto del viento y la nieve.


En el caso de Los Azules, los equipos de Hotelería, Gastronomía, Tecnología de la Información y Servicios Generales permanecieron hasta último momento trabajando en el cierre definitivo del campamento y dejando cada sector preparado para soportar el paso del invierno.


Otro de los proyectos afectados por las condiciones climáticas fue Altar, también ubicado en el departamento Calingasta, que había finalizado su campaña de exploración y desmovilizado a todo su personal a comienzos de julio.

Desde Aldebarán Resources explicaron que cada temporada invernal se realiza un procedimiento similar para proteger la infraestructura del campamento y minimizar los efectos de las bajas temperaturas.


Sin embargo, las condiciones extremas pueden generar consecuencias incluso con todos los protocolos activos. En temporadas anteriores, la empresa detectó daños menores en algunos sectores, principalmente relacionados con cañerías y sistemas sanitarios afectados por el congelamiento.


Ante la magnitud de las actuales nevadas, no se descarta que el regreso al proyecto pueda demorarse más de lo habitual, dependiendo de la evolución del clima, el estado de los caminos y las condiciones de seguridad en la montaña.


El actual temporal que afecta a la cordillera sanjuanina es considerado por especialistas como uno de los episodios níveos más significativos de los últimos años. Los primeros análisis indican que podría ubicarse entre las nevadas más importantes registradas en la zona durante el último cuarto de siglo.


La acumulación de nieve ya supera ampliamente los valores habituales para esta época del año. En el proyecto Altar, las cámaras instaladas con alimentación mediante paneles solares permitieron observar sectores del campamento cubiertos por aproximadamente 1,20 metros de nieve en las áreas más bajas.


La postal refleja la dimensión del fenómeno climático que atraviesa la alta montaña sanjuanina, donde los equipos, caminos y estructuras quedaron sometidos a condiciones extremas.


Aunque la suspensión preventiva de actividades representa un importante despliegue operativo y económico, las empresas mineras saben que el mayor desafío llegará cuando finalice el invierno y sea posible regresar a los campamentos.


Entre septiembre y octubre, si las condiciones climáticas acompañan, comenzará una nueva etapa marcada por la recuperación de caminos afectados por el deshielo, la revisión completa de instalaciones, la reparación de posibles daños y la puesta a punto de los campamentos para retomar las tareas de exploración.


Ese proceso requerirá nuevamente maquinaria pesada, equipos especializados y cientos de horas de trabajo en condiciones complejas. Cada temporada, la reapertura de los proyectos en la cordillera representa una de las mayores pruebas logísticas para la actividad minera de San Juan.



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