Empresarios chilenos buscan sumarse al auge minero de San Juan y apuntan a puertos, logística y agua desalinizada
- hace 2 días
- 3 min de lectura
San Juan empieza a consolidarse como uno de los nuevos polos mineros del cobre a escala mundial, y el fenómeno ya genera un fuerte efecto del otro lado de la cordillera. Empresarios, dirigentes y especialistas chilenos analizan cómo integrarse al desarrollo provincial mediante infraestructura portuaria, servicios logísticos y provisión de agua desalinizada.

El crecimiento sostenido de los grandes proyectos de cobre en San Juan está redefiniendo el mapa minero regional y posicionando a la provincia argentina como un actor estratégico en la futura demanda global del metal rojo. En ese contexto, en Chile comienzan a multiplicarse las señales de interés —y también de preocupación competitiva— frente al avance argentino.
Los proyectos que concentran la mayor atención son Los Azules, Vicuña, El Pachón y Altar, considerados parte del nuevo núcleo de expansión cuprífera en la cordillera sanjuanina.
De acuerdo con estimaciones difundidas en ámbitos empresarios chilenos, Los Azules requeriría inversiones cercanas a los 4.000 millones de dólares, mientras que Vicuña podría alcanzar desembolsos del orden de los 18.000 millones de dólares en distintas etapas de desarrollo.
Este volumen de inversión proyectado ya está generando movimientos estratégicos en la región chilena de Coquimbo, donde cámaras empresarias y organismos vinculados a la minería comenzaron a diseñar esquemas de participación para capturar parte del impacto económico que podrían generar estos desarrollos.
Desde el Consejo Regional Minero de Coquimbo, su gerente Ignacio Pinto destacó que los 34 proyectos mineros identificados en San Juan representan “una tremenda oportunidad” para el país vecino, especialmente si Chile logra integrarse a la cadena de valor regional.
En ese sentido, sostuvo que parte de la viabilidad de estos emprendimientos dependerá de la salida de minerales por puertos chilenos, el desarrollo de infraestructura logística binacional, la experiencia acumulada de la industria minera chilena y la provisión de servicios especializados.
“Esperamos poder actuar con agilidad y rapidez para no desaprovechar esta gran posibilidad de crecimiento”
Sin embargo, en paralelo al interés, también crecen las advertencias sobre la pérdida de competitividad relativa de Chile frente a Argentina. Distintos actores del sector minero chileno reconocen que el país vecino ha comenzado a ofrecer condiciones más atractivas para la radicación de inversiones, especialmente en materia de tiempos de aprobación y estabilidad regulatoria.
En ese marco, el especialista Patricio Gatica señaló que los proyectos argentinos podrían obtener permisos ambientales “más rápidos y con mayor seguridad jurídica” en comparación con Chile, lo que está influyendo en las decisiones de inversión.
A su vez, el consultor Rubén Salinas sostuvo que “Argentina entendió la oportunidad y reaccionó”, mientras que Chile continúa atravesando debates internos en torno a regulaciones ambientales que ralentizan la ejecución de nuevos proyectos.
Pese a ello, desde el lado chileno destacan que aún existen ventajas estructurales importantes, como la infraestructura portuaria consolidada en el Pacífico, la experiencia minera de clase mundial, la capacidad logística instalada y la disponibilidad de recursos humanos altamente especializados.
Uno de los aspectos más innovadores del escenario actual es el surgimiento de propuestas concretas para abastecer con agua desalinizada a los proyectos mineros sanjuaninos. El arquitecto chileno Gerson Soto presentó una iniciativa que contempla la instalación de plantas desalinizadoras en la costa chilena, la construcción de acueductos binacionales y corredores logísticos hacia San Juan, además de un esquema de exportación de minerales a través del Pacífico.
“La Ruta Pacífico es la única opción viable y superior para los proyectos mineros de San Juan”, sostuvo el especialista en declaraciones a medios chilenos, al defender un modelo de integración regional basado en infraestructura compartida.
La propuesta apunta a conectar directamente la cordillera sanjuanina con el Puerto de Coquimbo, generando un corredor integrado de minería, logística y servicios entre ambos países.
El interés chileno también se explica por la magnitud del impacto económico que podría generar el desarrollo cuprífero en San Juan. Según estimaciones de la Cámara Argentina de Empresas Mineras, un solo proyecto de gran escala puede demandar más de 800 proveedores durante la etapa de construcción y alrededor de 550 empresas proveedoras durante la operación, extendiendo su actividad por décadas.
En este contexto, el avance de la minería del cobre en San Juan no solo redefine la matriz productiva argentina, sino que también comienza a reconfigurar estrategias en Chile, donde el sector privado busca no quedar relegado frente a un nuevo polo minero que gana protagonismo en la economía global del cobre.





Comentarios