Horacio Muñoz y el desafío de Iglesia ante el boom minero, “si no nos adaptamos, la vamos a ver pasar
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La empresa Malvar, uno de los proveedores iglesianos que viene consolidando su presencia en el sector minero de San Juan, debió atravesar un invierno particularmente complejo en la cordillera de los Andes, marcado por intensas nevadas, acumulación de nieve y extensos períodos en los que las condiciones de los caminos hicieron imposible mantener con normalidad el transporte hacia las zonas de alta montaña. Para la firma, el invierno 2026 significó un desafío logístico importante, pero también una oportunidad para demostrar capacidad de adaptación frente a un escenario climático que obligó a modificar ritmos, reorganizar equipos y retomar progresivamente las operaciones a medida que las rutas recuperaron condiciones de transitabilidad.

Horacio Muñoz, propietario de Malvar, explicó que durante los momentos más complicados la actividad de transporte debió permanecer prácticamente detenida porque directamente no estaban dadas las condiciones para subir a la cordillera. “La parte de transporte ha estado parada, pero por lo que todos ya saben, no se podía subir. Cuando se relajó un poco el camino, ya hemos empezado de vuelta a subir”, señaló el empresario, quien remarcó que, pese a las dificultades, la compañía pudo retomar sus tareas sin registrar inconvenientes vinculados directamente con su operación.
Muñoz reconoció que el contexto generó pérdidas para la empresa, aunque aclaró que estas estuvieron relacionadas con las condiciones naturales y no con problemas derivados de la gestión de Malvar. “Tenemos pérdidas, pero no por culpa de la empresa, sino por culpa de la naturaleza. Son dos cosas distintas”, sostuvo al analizar el impacto que tuvo el invierno sobre la actividad logística.
La situación también tuvo consecuencias sobre los trabajadores. Durante las semanas más complejas, la empresa debió trabajar parcialmente y establecer acuerdos para adaptar la actividad a las posibilidades reales que ofrecía el contexto. La cantidad de nieve acumulada en determinados sectores hizo imposible que algunos trabajadores pudieran acceder a sus lugares habituales de trabajo. “Había sectores que no podían trabajar porque tenían más de un metro de nieve. Entonces esa gente no salió a trabajar porque no podía”, explicó Muñoz.

Para el empresario, esta temporada dejó en evidencia una vez más que la logística minera en alta montaña requiere capacidad de adaptación permanente. Las condiciones climáticas pueden modificar rápidamente los planes de trabajo y obligan a las empresas a contar con estructuras preparadas para responder ante situaciones que escapan a cualquier planificación previa.
En paralelo a las dificultades provocadas por el invierno, Malvar continúa trabajando en una estrategia de crecimiento vinculada con la expansión de la minería en San Juan y con las nuevas oportunidades que se abren para los proveedores locales. Muñoz considera que la empresa logró avanzar porque pudo adaptarse progresivamente a las exigencias de compañías multinacionales, incorporando una metodología de trabajo basada en el cumplimiento, la seriedad, la tecnología y la capacidad de respuesta.
“Nosotros creemos que hemos hecho una adaptación a las multinacionales, tratando de cumplir cuando te piden algo para ayer y tenerlo. Si vos tenés esa posibilidad de hacer las cosas serias, de cumplir, de tener tecnología y un buen equipo de trabajo, van a andar bien todos los que tengan esos requisitos y otros más”
Según su visión, el crecimiento de la actividad minera no significará automáticamente oportunidades para todos los proveedores. Por el contrario, considera que las empresas locales tendrán que demostrar que están preparadas para responder a estándares cada vez más exigentes. Para Muñoz, la minería funciona con una lógica diferente a otros ámbitos de la economía local y exige que los proveedores sean capaces de cumplir con tiempos, calidad, seguridad y capacidad operativa.
El propietario de Malvar también habló desde su propia experiencia y recordó que el crecimiento de la compañía fue producto de años de trabajo y de una adaptación permanente a una industria que incorporó nuevas exigencias. En ese proceso, aseguró, fue fundamental construir una trayectoria y demostrar que la empresa podía cumplir con las necesidades de sus clientes.
“Yo me lo gané con sacrificio, con trabajo, con seriedad, con todo lo que tiene que tener uno para adaptarse a una nueva función de alguien que vino de afuera con otra mentalidad”, expresó Muñoz, quien sostuvo que esa adaptación permitió que Malvar comenzara a crecer de manera progresiva y ampliara sus posibilidades dentro del sector.
Actualmente, la empresa cuenta con presencia en Tupungato y en la ciudad de San Juan, donde dispone de un predio destinado a centralizar distintas áreas de su funcionamiento. Allí funcionan el taller, las oficinas y otros sectores operativos, una estructura que le permite concentrar recursos y mejorar su capacidad de respuesta frente a las demandas de la actividad minera.
En cuanto a las próximas oportunidades comerciales, Malvar ya tiene la mirada puesta en Vicuña y confirmó que trabaja para participar en las futuras licitaciones relacionadas con el transporte. La empresa también mantiene actividad y proyectos vinculados con Malargüe, ampliando de esta manera su radio de acción y buscando posicionarse frente a un escenario minero que promete incrementar considerablemente la demanda de servicios especializados.
Sin embargo, Muñoz advierte que el crecimiento de la minería también puede convertirse en un problema para Iglesia si el departamento no logra organizarse antes de que llegue el esperado boom de inversiones. A su entender, uno de los principales riesgos es que el crecimiento de proveedores y empresas se produzca de manera desordenada, sin una planificación territorial que permita establecer dónde deberían concentrarse los servicios vinculados con la actividad.
“Puede perjudicar porque va a ser un boom muy grande”, afirmó al referirse al impacto que podría tener la nueva legislación vinculada con los proveedores mineros. Para Muñoz, el problema no está en el crecimiento de la actividad, sino en la falta de una estructura que permita acompañarlo de manera ordenada.
El empresario planteó la necesidad de pensar en una verdadera organización territorial para la actividad minera, con sectores específicos donde puedan concentrarse depósitos, talleres, estacionamientos, servicios y espacios destinados al alojamiento y alimentación de trabajadores. “No hay una urbanización minera”, advirtió, al considerar que actualmente el crecimiento de los emprendimientos productivos se desarrolla de manera dispersa.
Muñoz considera que Iglesia necesita avanzar hacia un espacio que funcione como un verdadero parque industrial, capaz de concentrar y ordenar a los proveedores y empresas vinculadas con la minería. A su entender, la falta de planificación puede generar un impacto importante cuando el movimiento de vehículos, trabajadores y empresas se multiplique como consecuencia del crecimiento de los grandes proyectos.
“Cualquiera hace un galpón en cualquier lado. No hay un parque industrial que organice todo, que centralice todo en un parque industrial”, cuestionó el propietario de Malvar, quien considera que la discusión sobre infraestructura productiva debe comenzar antes de que la actividad alcance su máximo nivel.
Pero la organización territorial no es el único desafío. Para Muñoz, los proveedores locales también deberán modificar su manera de trabajar y adaptarse a los nuevos tiempos. La incorporación de tecnología, la capacitación, el cumplimiento de compromisos y la profesionalización de las empresas serán factores determinantes para poder acceder a los contratos de las grandes compañías mineras.
“Si la gente no se adapta a los nuevos tiempos, a la tecnología, a cumplir, la vamos a ver pasar también”, sostuvo. En su análisis, el desafío no consiste solamente en reclamar que las empresas locales sean contratadas, sino en construir las condiciones necesarias para que puedan competir y demostrar que tienen capacidad suficiente para responder a las exigencias de los grandes proyectos.
Muñoz también puso especial énfasis en la necesidad de fomentar el asociativismo entre los empresarios iglesianos. Considera que muchas veces un proveedor local puede contar con experiencia y conocimiento, pero no disponer por sí solo del capital, los equipos o la cantidad de vehículos necesarios para afrontar contratos de gran escala. Frente a esa realidad, plantea que la unión entre empresarios puede convertirse en una herramienta fundamental para aumentar la capacidad de negociación y participación local.
Para el propietario de Malvar, el futuro de los proveedores de Iglesia no debería depender exclusivamente de que una empresa externa llegue al departamento y genere oportunidades, sino de que los propios empresarios locales puedan construir sociedades, complementar capacidades y generar nuevas inversiones. El objetivo debería ser que los recursos y servicios necesarios para la minería puedan desarrollarse dentro de la propia comunidad.
En ese sentido, su mirada apunta a que los iglesianos dejen de competir únicamente entre sí y comiencen a encontrar mecanismos de cooperación que permitan enfrentar proyectos de mayor magnitud. La llegada de Vicuña y el crecimiento de otros emprendimientos mineros representan una oportunidad que, según Muñoz, puede ser histórica para el departamento, pero que también puede perderse si los proveedores no logran profesionalizarse y organizarse.
Malvar llega así al cierre de un invierno excepcionalmente duro con una estrategia que va más allá de recuperar el ritmo habitual del transporte. La empresa busca fortalecer su estructura, ampliar su presencia en nuevos proyectos, participar de las próximas licitaciones de Vicuña y, al mismo tiempo, comenzar a transferir su experiencia mediante capacitaciones destinadas a trabajadores de Iglesia y San Juan.
Para Horacio Muñoz, el desafío que enfrenta el departamento es claro. El boom minero que se avecina puede convertirse en una enorme oportunidad para Iglesia, pero para aprovecharlo será necesario llegar preparados, con empresas serias, trabajadores capacitados, infraestructura adecuada, planificación territorial y proveedores capaces de responder a las exigencias de una industria que ya comenzó a transformar el mapa productivo de San Juan.





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