L&G, la logística sanjuanina que lleva la minería hasta los lugares más extremos de la cordillera
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Mover módulos habitacionales, alimentos, equipos e insumos hacia la alta montaña exige mucho más que camiones y planificación. Requiere conocer el terreno, anticiparse al clima, coordinar cada etapa y garantizar que todo llegue cuando debe llegar. En ese desafío se especializó L&G Logística y Gastronomía, una empresa sanjuanina que desarrolló una estructura integral para operar en sitios remotos y que hoy se prepara para acompañar el crecimiento de la minería.

En la alta montaña, la logística se convierte en una operación estratégica. Las distancias, la altura, los caminos complejos, el clima y el aislamiento obligan a trabajar con una precisión que no admite improvisaciones. Un traslado que en condiciones convencionales podría parecer sencillo adquiere otra dimensión cuando el destino se encuentra a miles de metros sobre el nivel del mar.
L&G Logística y Gastronomía construyó precisamente su especialización alrededor de ese desafío. La empresa cuenta con más de 25 años de experiencia en sitios remotos y alta montaña y ofrece soluciones que integran logística, transporte, abastecimiento, almacenamiento, gastronomía, alojamiento, housekeeping y alquiler y montaje de módulos habitacionales.
La reciente operación de carga de módulos habitacionales para sitios remotos exhibe una de las prestaciones que forman parte de esa cadena. Cada estructura debe ser preparada para su traslado, cargada correctamente, asegurada y transportada hasta lugares donde las condiciones de acceso pueden ser extremadamente exigentes.
Para Manuela Campillay, directora general de L&G, detrás de cada traslado existe una planificación que comienza mucho antes de que un camión emprenda el ascenso hacia la cordillera. La ejecutiva explicó que la logística minera implica coordinar diferentes áreas y anticiparse a los tiempos que demanda cada etapa.
“Entre compras, transporte, armado y distribución, pasan varios días hasta que el producto llega al campamento”

No se trata solamente de llevar un módulo desde una base hasta un campamento. La operación implica coordinar recursos, equipos, personal, tiempos de carga, transporte y descarga, además de contemplar las características particulares del destino. El objetivo final es que la infraestructura llegue en condiciones y pueda integrarse rápidamente a la operación minera.
En ese proceso, la experiencia acumulada se transforma en una herramienta decisiva. Conocer los recorridos, interpretar las condiciones del terreno y entender las necesidades de un campamento remoto permite reducir imprevistos y tomar decisiones antes de que los problemas aparezcan.
“En alta montaña no se puede esperar a que surja el problema para recién buscar una solución. Hay que trabajar antes, planificar y tener previstas las distintas alternativas”
L&G ofrece soluciones habitacionales para zonas remotas y contempla el alquiler y montaje de módulos y campamentos completos, adaptados a las necesidades específicas de cada proyecto. Esa capacidad permite que la empresa participe no solamente del abastecimiento de una operación, sino también de la construcción de las condiciones necesarias para que los trabajadores puedan vivir y desarrollar sus tareas en lugares alejados de los centros urbanos.
La carga y montaje de módulos representa, en ese sentido, mucho más que un servicio de transporte. Cada estructura forma parte de una infraestructura que debe llegar al destino en condiciones, ser descargada con seguridad y quedar disponible para incorporarse rápidamente al funcionamiento del campamento.
Campillay sostuvo que esa mirada integral forma parte de la identidad que L&G busca consolidar en el mercado. “No esperamos que el cliente nos pida lo mejor. Se lo damos”, afirmó, en una definición que resume la apuesta de la compañía por anticiparse a las necesidades de sus clientes y sostener estándares elevados sin esperar a que sean exigidos.

La logística en altura también demanda una flota preparada. L&G cuenta con camionetas 4x4, furgones térmicos y camiones carrozados para cargas peligrosas, además de instalaciones destinadas al almacenamiento de productos, insumos, equipos, herramientas y mercaderías. La empresa también utiliza sistemas de gestión de inventarios y seguimiento para asegurar el abastecimiento oportuno.
El desafío se vuelve todavía mayor cuando las operaciones se desarrollan alrededor de los 5.000 metros sobre el nivel del mar. La propia compañía describe escenarios atravesados por altitud, clima riguroso, riesgo de hielo, caminos difíciles, grandes distancias y aislamiento. En ese contexto, la puntualidad deja de ser solamente una cuestión de eficiencia y pasa a estar directamente relacionada con la seguridad y la continuidad operativa.
“Cuando trabajás en un lugar remoto, una demora no significa solamente que algo llega más tarde. Puede impactar en toda la planificación del campamento y en el funcionamiento de la operación”
Por eso, la logística se transforma en uno de los engranajes silenciosos que permiten que la minería funcione. Detrás de cada trabajador que llega a un campamento, de cada comida servida y de cada equipo disponible existe una cadena previa de compras, almacenamiento, transporte, distribución y control.
La propuesta de L&G apunta justamente a integrar esos servicios. La empresa puede intervenir en la logística de insumos y alimentos, transporte, almacenamiento, gestión de inventarios, módulos habitacionales, campamentos, hotelería, housekeeping y gastronomía. De esta manera, un proyecto puede concentrar distintas necesidades operativas en un mismo proveedor con conocimiento específico de los entornos remotos.

La experiencia acumulada en la cordillera también le permitió desarrollar operaciones a gran altura. Entre sus antecedentes figura el montaje de una cocina a 5.000 metros sobre el nivel del mar en Filo del Sol, además de servicios relacionados con proyectos como Veladero, Casposo, Lunahuasi, Altares, Rincones de Araya y Terrano.
Para Campillay, esa experiencia representa una ventaja concreta a la hora de afrontar una nueva etapa de crecimiento de la minería. La empresa no parte desde cero frente a los desafíos que presentan los grandes proyectos, sino que cuenta con conocimiento operativo adquirido durante años de trabajo en escenarios complejos.
“Cada proyecto tiene sus particularidades y nosotros tenemos que tener la capacidad de adaptarnos. No hay una operación igual a otra, especialmente cuando hablamos de alta montaña”
La gastronomía es otra parte de esa misma logística. L&G desarrolla menús adaptados a las condiciones de altura y cuenta con experiencia en servicios gastronómicos incluso por encima de los 5.000 metros. En esos lugares, alimentar a una dotación de trabajadores también implica planificar abastecimiento, almacenamiento, conservación, preparación y distribución bajo condiciones especiales.
La compañía entiende que la logística de alta montaña no puede analizarse como un servicio aislado. Transporte, alimentación, alojamiento, limpieza y abastecimiento forman parte de una misma cadena que tiene como objetivo garantizar que las personas puedan trabajar en condiciones adecuadas y que las operaciones mantengan su continuidad.
Para Campillay, el próximo desafío pasa por estar preparados para una minería que demanda cada vez más capacidad. La directora general sostuvo que L&G también se está preparando para escalar y que el crecimiento debe ser progresivo, acompañando la evolución de la actividad y de las necesidades de sus clientes.
“Tenemos que crecer, pero crecer de manera ordenada. La minería nos presenta nuevos desafíos y tenemos que estar preparados para responder con la misma calidad cuando la escala de las operaciones sea mayor”
Ese crecimiento tiene además una dimensión local. L&G sostiene una política de integración de proveedores regionales y desarrollo de capacidades, buscando que el avance de los proyectos mineros también genere oportunidades para empresas y trabajadores de San Juan.
Campillay destacó la importancia de fortalecer esa cadena de valor y de generar oportunidades para que más empresas sanjuaninas puedan participar de la actividad. “Creemos en el crecimiento compartido. Si la minería crece, también tiene que crecer el entramado de proveedores y trabajadores de San Juan”, señaló Manuela Campillay.
La mirada de la empresa también incorpora la relación con el territorio donde desarrolla sus operaciones. Trabajar en alta montaña implica convivir con ambientes sensibles y comunidades que forman parte de ese escenario, por lo que la actividad logística también debe desarrollarse bajo criterios de responsabilidad.
“Cada proyecto en altura es también una oportunidad para cuidar el entorno y crecer junto a las comunidades”

En un escenario donde San Juan se prepara para una nueva etapa de expansión minera, con proyectos de cobre y otros desarrollos que demandarán infraestructura y servicios cada vez más sofisticados, empresas como L&G adquieren un papel estratégico. La minería necesita caminos, equipos, campamentos, alimentos, trabajadores y proveedores capaces de sostener operaciones durante todo el año.
Y allí aparece el verdadero valor de una compañía que conoce la cordillera desde adentro. L&G no vende solamente transporte ni módulos habitacionales. Vende capacidad de respuesta, conocimiento del terreno, planificación, seguridad y continuidad operativa.
Cada módulo que se carga representa una parte de esa enorme cadena que permite llevar infraestructura hasta lugares donde las condiciones son extremas. Cada camión que emprende el ascenso hacia la cordillera forma parte de una operación previamente planificada. Cada entrega a tiempo significa que un proyecto puede continuar funcionando.
Con una estructura propia, experiencia en altura y una propuesta integral, L&G busca posicionarse como uno de los proveedores sanjuaninos capaces de acompañar la nueva escala de la minería argentina. Una empresa que nació en San Juan, aprendió a trabajar en los escenarios más exigentes de la cordillera y hoy convierte ese conocimiento en una ventaja competitiva para llegar allí donde la logística convencional simplemente no alcanza.
Para Campillay, el desafío hacia adelante es claro y está directamente relacionado con la capacidad de seguir profesionalizando la operación. “Queremos estar a la altura de lo que viene para San Juan, acompañando a nuestros clientes y demostrando que desde nuestra provincia podemos brindar servicios de primer nivel en los lugares más exigentes”, concluyó.





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